
El viaje en barco por el río Ucayali desde Atalaya a Pucallpa fue una travesía muy calmada, uno de los momentos que recordaré siempre es el momento de navegación sin motor, simplemente siendo arrastradxs por la corriente del río en plena noche. Es algo difícil de explicar pero se siente como si el barco levitara, como si fuera una gota flotando en el ambiente.

Llegado el amanecer a la quietud se le suma la amplia diversidad de colores, fluyendo con el movimiento ondulado del río, la vida acuática todavía duerme y es que la inmensidad del paisaje arropa de aquí al horizonte. Pensaba cómo todas las demás especies están contemplando la belleza del momento, y así me siento, más animal, más cercana, atravesando fronteras entre especies y estados. El río se transforma en una especie de tapiz, suave y deslizante que invita a entrar en su tejido.
Durante el viaje pusieron una serie de películas entre ellas ‘Los dioses deben de estar locos’ y esta es una frase subrayada a través de una coincidencia: ‘Los humanos evitan el profundo Kalahari como a la plaga porque el hombre necesita del agua para vivir’, ver estas imagenes desde el río más largo y caudaloso amplia la diferencia extrema entre ecosistemas y el desequilibrio existente en distribución del agua en diferentes territorios del planeta.
Esta película, que no conocía, gustaba mucho a lxs demás viajerxs del barco, con quienes tuve la posibilidad de debatir sobre la película, en estas conversaciones se plantearon cuestiones sobre los diferentes tonos de piel y culturas además de aspectos relacionados con la «civilización» y la cercanía o lejanía de este concepto dependiendo del lugar de procedencia. La interacción con mis vecinxs de viaje en este viaje aportó más complejidad a la reflexión de esta investigación.
Durante este viaje no sólo sucedieron conversaciones, también momentos de ‘dibujo en movimiento’ y otras formas de expresión que siendo informadas por la situación documentan el proceso desde en este caso, el ‘estudio flotante’ entre Atalaya y Pucallpa.